¿Puede la perspectiva de género ayudar a mejorar ciudades?
25 Nov 2021 /

¿Puede la perspectiva de género ayudar a mejorar ciudades?

Sé que está muy manido el recurso de empezar un artículo con la definición que el diccionario ofrece del tema a tratar pero en este caso, utilizar esta fórmula es un buen punto de partida para que lectores, lectoras y yo misma, empecemos a la vez.

Una ciudad es conjunto de edificios y calles, regidos por un ayuntamiento, cuya población densa y numerosa se dedica por lo común a actividades no agrícolas.

Sin embargo, esta definición, al igual que el diseño de muchas de estas ciudades, es demasiado impersonal teniendo en cuenta que el alma de las ciudades somos precisamente las personas. 

Para entender la importancia del asunto, cabe mencionar que según los datos de las Naciones Unidas, el 81,1% de la población en España vive en zonas urbanas. La estimación de la ONU prevé que este porcentaje podría llegar al 88% en 2050. 

Quienes impulsaron y dirigieron la transformación de las ciudades modernas, lo hicieron a vista de pájaro. Sobre maquetas y mapas, desde un plano cenital, construyeron las ciudades en base a lo que deberían ser desde la distancia. Pero resulta que diseñar desde la distancia es diseñar desde la ignorancia y la verdad es, que implicando tantos recursos económicos y humanos como requiere el urbanismo, no debería de ser este el modus operandi que actúe por defecto sino otro un pelín más empírico.

EL PROBLEMA EN LAS CIUDADES

Las ciudades son algo que ha existido siempre y no nos hemos cuestionado demasiado porque ya estaban aquí cuando llegamos. No hemos pensado en cómo tendría que ser nuestra relación con ellas ni que, como toda relación, debería de ser bidireccional. Las dimos por obvias sin plantearnos que a lo mejor, podría llegar a ser más fácil hacer vida en ellas. 

El problema en las ciudades sigue siendo la falta de representación femenina en la toma de decisiones porque como dice Dafne Saldaña, arquitecta, urbanista y miembro de Equal Street:

La desigualdad en las ciudades se debe a que desde el ágora griega se nos ha excluido de los espacios donde se toman decisiones

Una vez más, conocer la historia de la humanidad nos ayuda a entender muchas cosas ya que las ciudades que tenemos hoy en día son la herencia de un sesgo histórico.

Los diferentes aspectos urbanos han de tratarse de una manera relacional (vivienda, espacio público, servicios urbanos, transporte) porque son elementos que interaccionan entre sí y que están atravesados por aspectos sociales (condición socioeconómica, género, origen, etnia, identidad sexual y de género, edad..)

En el libro “La mujer Invisible”, del que ya hemos hablado alguna vez, Caroline cuenta la anécdota de cómo acciones tan aparentemente inocentes como pueden ser la retirada de la nieve en Suecia, favorecía a los hombres antes que a las mujeres por una pura cuestión de prioridades: Se empezaba a recoger la nieve de las carreteras antes que la de las vías peatonales. Y esto, que parece una tontería, no lo es en absoluto porque hombres, mujeres, niños y ancianos, no nos desplazamos de la misma forma por la ciudad.

MUJERES QUE HABLARON Y HABLAN DE CIUDADES

Estudiar aportaciones en femenino en la arquitectura es complicado pero aún lo es más en el urbanismo. Al tratarse de una actividad interdisciplinar y de equipo, se borran muchos nombres en pro de construir un relato histórico. Es una actividad que implica una mayor inversión por lo que está muy ligada a la política y al poder, actividades que (tampoco quisiera yo generalizar pero) históricamente han estado en manos masculinas.

Grandes nombres como Christine de Pizan, empezaron ya en el siglo XV a cuestionar, con su obra La ciudad de las damas, la experiencia de ser mujer en la ciudad. Con su discurso buscaba romper con el silencio público que se les imponía a las mujeres con una educación en favor de un modelo de género femenino de sumisión y privación.

En su obra Paseos por Londres, Flora Tristán reflejó el asombro que le provocaron las múltiples desigualdades que ofrecía la capital de Gran Bretaña del siglo XIX.

Denunció así la infame situación de las ciudades adelantándose a los estudios, ensayos e informes que posteriormente denunciaron el caos y la falta de higiene de la ciudad industrial. Un nuevo modelo de ciudad que se iba abriendo paso y que ya empezaba a dejar de lado todas las actividades que no fueran estrictamente productivas.

Toda acción de transformación de la ciudad, por pequeña que parezca, ya es cuestionar el dogma-ciudad. De esto fue consciente Jane Jacobs.

Periodista y activista que entendió el funcionamiento de las ciudades como un sistema de orden caótico e impredecible regido por las personas que, al vivir en ellas, las dotan de dinamismo y belleza. 

Jane siempre estuvo maravillada por la gente que habitaba las ciudades, sobre todo en Nueva York, donde sentía que todos los tipos de personas tenían cabida. Ella tenía claro que el diseño de las ciudades debía plantearse a pie de calle y no dudó en enfrentarse a Robert Moses, influyente urbanista del siglo XX en Nueva York que destruía y construía a su antojo todo tipo de edificios y carreteras. 

El documental Citizen Jane: Battle for the City, filma los inicios de Jacobs en el activismo, su manera de concebir la ciudad, las consecuencias de la arquitectura moderna y toda su diatriba con Moses. 

Para ella, hablar de seguridad en la ciudad pasaba irremediablemente por conseguir llenar y avivar sus calles. Con frecuentes cruces e interconexiones, en contra de los callejones sin salida; con edificios cuyas ventanas no den la espalda a las calle y desde las cuales se pueda observar y participar en la vida urbana; y con actividades y estructuras que permitan la comodidad en el espacio público. Con todo esto, pasear por las calles no supondría un problema de seguridad para nadie, incluyendo niños y personas mayores. 

Ante esta premisa, voces como la de Izascun Chinchilla nos recuerdan que el ciudadano es un miembro activo del lugar en el que vive. En su libro, La Ciudad de los Cuidados, relata:

La experiencia que pasamos en la ciudad nos marca y marca nuestra visión de las cosas. El objeto de la memoria no son los rasgos del edificio, sino las percepciones del sujeto que interactúa con la arquitectura

Izascun, en lo que para mí es una lectura obligatoria, expone las ciudades como lugares orientados puramente a la productividad, desatendiendo muchas otras cuestiones y necesidades. Nuestras ciudades diseñan el espacio público como el espacio que nos permite llegar a trabajar desde nuestra casa, pero el uso de ese espacio para actividades reproductivas o de cuidados (incluidos el descanso y el autocuidado) supone una verdadera odisea. Por eso es importante, cuando hablamos de ciudades, hablar de los parques, de los baños públicos, del ocio o de los sistemas de transporte. 

Hablando de movilidad, Inés Sánchez de Madariaga tiene mucho que aportar. Inés se encuentra al mando de la Asociación de Mujeres Arquitectas de España, y señala la puesta en marcha de estudios para conocer las necesidades de las mujeres trabajadoras de nuestro país, para poder así promocionar el trabajo de las arquitectas basándose en estos aspectos a cubrir. Su idea, que se puede ilustrar muy bien con el concepto de “movilidad del cuidado” que desarrolló en 2008 en un trabajo para el entonces Ministerio de Fomento. Se trata de una categoría paraguas que permite cuantificar y visibilizar los viajes realizados por motivos vinculados a la reproducción de la vida (el cuidado de otras personas y el mantenimiento del hogar), que mayoritariamente hacen las mujeres. Los motivos estándar normalmente utilizados por las encuestas de transporte infravaloran estos viajes. Lo que se traduce en una reducción más que considerable del número de autobuses que pasan fuera de “la hora punta”. Como si los desplazamientos por trabajos de cuidados no fueran obligatorios, sino meramente “tiempo de espera”.

UN EJEMPLO QUE ME ENCANTARÍA COMPARTIR

Escuché el otro día, un capítulo del podcast «Participantes para un delirio», de la artista Coco Dávez, en el que su entrevistada, Ana Enrich contaba la anécdota de que a través de la Fundación Ashoka, desarrollaron un proyecto de Change Makers con la emprendedora social Charo Batlle, quién ha puesto en marcha en España la red de aprendizaje y servicio, una metodología educativa a través de la que diseñar con niños, soluciones para los problemas que ven en su entorno y enseñarles cómo ellos pueden responsabilizarse aportando su contribución. 

LA ANÉCDOTA ES LA SIGUIENTE: En el colegio del pueblo de Esplugas de Llobregat, les preguntaron a los niños y niñas sobre sus preocupaciones, una pregunta bastante seria para la inocencia que se respira en una clase de infantil. 

Sin embargo, de esa reunión de pequeños sabios, salió la sólida conclusión de que los parques estaban sucios. 

Todo este caso se desarrolló a través de un proceso de Deisgn Thinking mediante el que la profesora les guiaba y animaba a buscar soluciones para mejorar su parque, llegando a la conclusión de que los parques estaban sucios porque ellos no llegaban a las basuras.

INCREÍBLE que niños de cinco años asuman que son parte del problema, pero más increíble aún me parece, la capacidad como seres humanos de comprometernos con aquellas cosas de las que nos permiten ser partícipes.

Los niños y niñas prototiparon un escalón para la parte baja de las papeleras y con esta maqueta, la profesora organizó una cita para ir con sus alumnos a presentarsela a la alcaldesa de Esplugas. 

 

Es solo un ejemplo que nos devuelve la fe en que las ciudades son de los ciudadanos y refuerza que efectivamente, cuando la ciudadanía es partícipe de los cambios, también lo es de su cuidado. El sentimiento de que todos somos ciudadanos, es de todos y de todas independientemente de nuestras circunstancias.

¿POR QUÉ SEGUIMOS RESCATANDO MUJERES CUANDO HABLAMOS DE CIUDADES INCLUSIVAS?

Nunca vamos a poder dejar de hablar de mujeres cuando del cuidado de los ciudadanos se trata porque los números (los auténticos reyes de la veracidad) dicen que somos nosotras las que realizamos el 75% del trabajo doméstico. De acuerdo con la International Labour Organization, 606 millones de mujeres realizan la mayor parte del trabajo no remunerado en el mundo a modo de trabajo full-time frente a 41 millones de hombres.

Las mujeres son las que siguen cuidando de los niños, de los ancianos y de las personas dependientes. Con lo que diseñar ciudades inclusivas implica facilitarles la vida a las mujeres. 

Repensar la ciudad desde una perspectiva feminista es dejar de producir espacios desde una lógica productivista y mercantilista y empezar a pensar en entornos que prioricen a las personas que los van a utilizar. Deberían ser los espacios los que se adapten a las diferentes necesidades de las personas y no que las personas se adapten a las condiciones del espacio. Poner a las personas en el centro, visibilizando así la diversidad de experiencias y necesidades, sin tratar de homogeneizar los usos y actividades en el espacio urbano. Por eso, frente a la ciudad funcionalista, las Smart Cities u otros paradigmas alejados de la realidad de las personas, nosotras proponemos la ciudad cuidadora.

 

-Sara Antolín

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